Comunicado Obispo de Escuintla por la erupción del Volcán de Fuego

Señor salva tu pueblo y bendice a tu heredad. Con estas palabras del Salmo 28 nosotros queridos hermanos, nos vemos animados en la Diócesis de Escuintla ante la calamidad surgida por la erupción tremenda del Volcán de Fuego, que ha dejado setenta y muchas más víctimas mortales y tantísimas familias empobrecidas. Verdaderamente nosotros creemos que el Dios nuestro, es el Dios de la vida (Mc 12, 27), no es el Dios que destruye sino el Dios que construye.

Nunca una catástrofe de este tipo puede considerarse un mal venido de Dios o el fin del mundo. Al contrario es una oportunidad, para recordar dos cosas:

  1. Que somos débiles y que muchas veces estamos sujetos a la naturaleza. Siempre lo estamos.
  2. Y que es una ocasión para que nosotros también nos acerquemos a los que sufren como víctimas de éstas calamidades.

Estamos en un trabajo sencillo, no tenemos muchos medios pero gracias a la enorme, enorme generosidad de todos los guatemaltecos que va viniendo a Escuintla especialmente, la Diócesis más golpeada y las comunidades que ustedes conocen, que han sido prácticamente destruidas. Dios es el Dios de la vida.

Yo quisiera comentarles con mi hermano el Padre Walter, algunas de las secciones que se hacen actualmente para bien de nuestros hermanos.

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Tenemos tres albergues en los cuales estamos acogiendo a las personas víctimas de este desastre natural, se han habilitado salas donde ellos puedan permanecer durante la noche, se les da alimentación, tenemos ayuda médica, en los cuales se les está atendiendo tanto de las enfermedades de la piel o enfermedades respiratorias, se está atendiendo de esta manera inmediata.

A todas estas personas afectadas las tenemos en cada uno de los albergues uno en la zona 2 de Escuintla, en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en la filial de zona 4 Santo Hermano Pedro y en la colonia La Ceiba, éstos son los tres albergues en los cuales se está recibiendo la ayuda y se está socorriendo a tantas familias afectadas, víctimas de este desastre natural.

Pues agradecemos la prontitud de la respuesta de cuantos ciudadanos, de cuantos cristianos pues se han puesto a la orden y a la disposición para podernos apoyar, esperamos que esta ayuda siga llegando, porque esto se está dando de manera inmediata, pero éste problema, este daño se prolongará por varios días, entonces siempre tendremos a bien recibir toda la ayuda que sea necesaria, para poder seguir apoyando y socorriendo en sus necesidades básicas a nuestros hermanos afectados.

Quedamos pues con el corazón abierto en este mes del sagrado corazón, tengamos el corazón los sentimientos de Cristo Jesús, que nunca permaneció indiferente a ninguna necesidad humana.

Dios bendice al que da con alegría. (2 Cor 9, 7), oración ante todo, fuerza espiritual y termina aquello en que sea posible ayudar a nuestros hermanos.

En toda Guatemala,  a nombre nuestro, en esta Diócesis, Ave maría purísima, sin pecado concebida. Muchísimas gracias a ustedes por su atención y su ayuda.

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