Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María

Ven, ven, Señor Jesús, ven a través de esa puerta hermosa, que es María Inmaculada y que nosotros como ella te recibamos con un corazón puro. ¡Aleluya!

Un saludo para todos ustedes, queridos hermanos, estando en medio del ambiente de Adviento, sorprendidos por una luz maravillosa. No es la luz del comercio, no es la luz de la propaganda, no es la luz del espectáculo, de las fiestas del fin del año, es la luz clara de María en su Inmaculada Concepción.

Sabemos que María, diferente a todos nosotros, siendo tan humana como nosotros, nació sin el pecado original, previendo Jesús, Dios mismo, que ella sería la puerta por la que pasaría el Santo, Santo, Santo, que es el Señor.

Es un gran privilegio que tuvo María, haber nacido sin el pecado original, pero también ella conservó en su vida esta situación y hoy hay tres cosas que María hace en su vida como Inmaculada y nos ayudan a nosotros como ejemplo.

Primero escucha de la Palabra, Eva allá en el paraíso no escuchó la voz de Dios, se puso a escuchar la voz del mal la voz del demonio. Muchas veces nosotros perdemos hermanos, la santidad y la pureza, decía el Papa Francisco, el demonio está derrotado pero no hay que tocarlo, no hay que escucharlo, porque tiende a engañarnos, primera gran verdad la escucha de la Palabra.

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En segundo lugar hermanos, pues conocer nuestro destino. ¿Quién eres tú, quién soy yo? ¿somos lo que hemos hecho de nuestra vida, con errores con una historia puramente humana? no. Sómos los predestinados a la gloria, a la santidad.

Que hermoso lo que escribe el Apóstol San Pablo, porque dice: estamos llamados a una vida de pureza. Muchas veces vemos nuestra vida en momentos de reflexión, casi siempre inculpamos a los demás, estoy así porque me han hecho esto, me han tratado así, a veces también reconocemos que nos hemos equivocado, pero bueno, Adviento es tiempo de recuperar la verdadera vocación a la santidad.

María nació Inmaculada, tú y yo no, pero recibimos el bautismo que nos coloca otra vez en ese camino de santidad, porque fuimos creados para estar en buenas con Dios y con los hermanos.

Naturalmente hermanos, pues hoy es importante porque en esa escena maravillosa de la visitación, más bien dicho del ángel a María, la anunciación del Señor, encontramos en María una actitud importantísima, una actitud muy propia de Adviento y es la actitud de la escucha de la Palabra, pero también de la obediencia, el ángel habla con María y le propone a María algo que ella no comprende, ¿cómo siendo Virgen va a ser la madre del hijo de Dios?, es una duda lógica.

Pero entonces el ángel le dice algo que es muy importante, le dice María estás llenada de la gracia, estás llenada de la gracia o llena de gracia como decimos en el Ave María, quiere decir que esta niña aunque no lo sabía, o no lo sospechaba, ya tenía la gracia porque cuando el ángel le dice, María llena eres de gracia, nadie tenía la gracia, ella ya la tenía desde su Inmaculada Concepción.

Y a ese gran regalo de Dios, María ahora añade la obediencia, porque ante el plan de Dios que parece muy difícil que es incomprensible, María dice hágase en mí según tu palabra.

¿Quieres que tu corazón se purifique y quieres que se cumpla en ti lo que dice la bienaventuranza, dichosos los limpios de corazón los inmaculados de corazón?, obedece al Señor, vence tu voluntad, rechaza tu soberbia, derrota tu orgullo y como María podremos humildemente decir, hágase en mí según tu palabra y esa Palabra que es Cristo, vendrá a ti, nacerá en ti en esta Navidad.

María Santísima bendiga nuestra tierra, tan llena de violencia, de vicio de falta de Dios, que María Santísima nos ayude a promover verdaderamente a la mujer en su dignidad, la maternidad, el hogar la profesión. María Santísima Inmaculada Concepción, intercede para que tengamos un corazón digno y puro para recibir al Señor. ¡Aleluya!

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