Monseñor Palma - Mensaje Pastoral

¿Perdón vs. justicia?

Monseñor Víctor Hugo Palma

Del perdón, afirmaba el autor de Las crónicas de Narnia, C.S. Lewis (1989-1963): “Ser cristiano es perdonar lo inexcusable, pues Dios ha perdonado lo inexcusable en ti”. La aparición del Resucitado este Tercer Domingo de Pascua trae tres dones a la comunidad de los discípulos:

1) La Paz (fruto de la reconciliación entre Dios y el hombre, con el perdón de los pecados de este último);

2) El Espíritu Santo (que resucitó a Jesús y hace posible el perdón en la Iglesia); 3) El anuncio del mismo perdón, que es el fruto de la Pasión y Resurrección, y que ahora es la Buena Nueva que la Iglesia ha de llevar al mundo.

Pero ¿cómo anunciar el perdón, no solamente divino, sino aquel genuinamente cristiano en sociedades carentes de justicia, con procesos corrompidos en cortes, tribunales, que no dejan de estimular la actitud de “tomarla por la propia mano”? La frase de J. Balmes (1810-1848) previene: “Es que muchas veces el deseo de venganza se disfraza de exigencia de justicia”.

Aún así, es de entender que ni Dios en Cristo ni la Iglesia discípula misionera en el mundo están contra la justicia hacia toda persona: más bien, la Pascua, sin oponerse a los debidos procesos tan urgentes en naciones de impunidad, abre otra posibilidad, aquella de frenar la espiral de la violencia que proponía el “justiciero” Lamec: “He matado a un hombre por herirme y a un muchacho por golpearme. Si a Caín le vengarán siete veces, a mí, setenta veces siete” (Génesis 4,23-24).

Es más, aun en el campo de la “justa compensación” no puede ignorarse el peligro del “justicialismo” señalado por Cicerón (106 a.C.-43 a.C.): “Summum ius, summa iniuria” (“El excesivo derecho es excesiva injusticia”, De Oficiis, 1,33.3). Puesto ese perdón de modo irrenunciable en el corazón de la fe cristiana auténtica, y contrario a ciertas ideas pseudocristianas en boga —desde el “ojo por ojo y diente por diente” hasta la pena de muerte exigida para salvaguardar la vida— de la vivencia y del anuncio del perdón que indica el Resucitado afirma Papa Francisco: “Si tú no sabes perdonar, no eres cristiano. Serás un buen hombre, una buena mujer… Pero no haces lo que ha hecho el Señor”.

Y también: “si tú no perdonas, no puedes recibir la paz del Señor, el perdón del Señor”. Y cada día, cuando rezamos el Padrenuestro: ‘Perdónanos, como nosotros perdonamos…’ Es un ‘condicional’. Tratamos de ‘convencer’ a Dios de que somos buenos. Como nosotros somos buenos perdonando: al revés. Palabras, ¿no? Como cantaba aquella bella canción: ‘Palabras, palabras, palabras’, ¿no? ¡Perdónense! Como el Señor los ha perdonado, así hagan ustedes” (Homilía en Santa Marta, 23 de Mayo del 2017).

La Iglesia del Resucitado es aquella que, incluso herida por las causas del Reino, propone el camino de la Reconciliación, que tiene como etapa ineludible el perdón. También en el discurso al Cuerpo Diplomático ante la Santa Sede prevenía de la enfermedad latinoamericana de la polarización ideológica —a la que describía como pandemia social autodestructiva— y a la cual puede servir cualquier reclamo de justicia si antes no se considera que el mismo debe conducir a la reconciliación/perdón (23 de enero del 2020).

Amplia y urgente es la tarea de cumplir el mandato del Resucitado anunciado y viviendo la Buena Nueva del perdón. Inspira el ejemplo de Aquel que la narrativa lucana hace exclamar ante la peor injusticia, la del proceso de la cruz, con un cierto dejo de disculpa: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34).