Monseñor Víctor Hugo Palma - Cuaresma

Mensaje de Cuaresma

Mensaje de Cuaresma
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Te adoramos oh Cristo y te bendecimos que por tu Santa Cruz redimiste al mundo, amén.

Muy queridos amigos, queridos hermanos, comenzando la cuaresma, precisamente desde este miércoles de ceniza, me permito enviarles un saludo muy cordial y también proponerles lo que el Papa Francisco nos dice en su mensaje para esta cuaresma del año 2020: «Dejémonos reconciliar con Dios«.

La reconciliación es el camino de vuelta a casa, como el hijo pródigo regresó a la casa de su padre. La reconciliación es el encuentro de nuevo con Dios y también con los hermanos, naturalmente la reconciliación es importante, no solo porque nosotros necesitamos volver a Dios, sino por que Él mismo nos está buscando.

Para que nosotros nos reconciliemos con Él, hermanos, existe este tiempo, el tiempo de la cuaresma, estos días que son ciertamente de batalla espiritual, pero que también son días de esperanza, como un enfermo que por lo menos sabe que está en tratamiento y que todo puede mejorar si él sigue ese camino de salvación, ese camino de curación.

Papa Francisco en su mensaje para esta cuaresma del año 2020, nos pone un punto de partida sumamente importante, ¿por qué nos vamos a reconciliar con Dios? y el Papa nos recuerda: porque Él nos amó primero y por qué nadie ha hecho por nosotros lo que Dios ha hecho y a pesar de nuestros pecados, Dios nos sigue amando.

En otras palabras como muy bien lo dice el Papa los jóvenes: recuerden, contemplen a Jesucristo en la cruz, que ha dado su vida por ustedes, su vida por nosotros y atraídos por ese amor, volvamos al Señor.

Naturalmente nosotros tendríamos, en nuestra tierra de Escuintla, que tomar en cuenta varios elementos que son como sombras, fallas, desviaciones, pecados de los cuales convertirnos, para volver a estar en el camino del Señor.

Ante todo recordemos lo que dice el Apocalipsis: estoy a la puerta y llamo dice el Señor (cf Ap 3, 20). En otras palabras mientras vamos a Él, Él viene a nosotros y esta venida del Señor a nosotros, hermanos, pues es fundamental. Pasar por ciertos elementos que son importantísimos en nuestra vida y sociedad como comunidad Diocesana de Escuintla, como familias, como personas.

Ante todo recordemos que nuestra tierra, es una tierra que es famosa tristemente por la violencia, por la degradación moral. Estamos como todas las costas, rodeados de mucho vicio, de mucha propuesta del vicio hermanos y a esto se une la pasividad de las autoridades, que permiten que el vicio se difunda, hablando de la libertad de empresa, pero bueno, cuántos prostíbulos, cuántos centros de perdición, cuántas cosas a las cuales se hacen ojos ciegos.

Hermanos, estamos también nosotros ante una situación de pasividad de las autoridades, ante no solamente el crecimiento del crimen, sino la ejecución de la justicia. Hay una fama muy mala y naturalmente muy justificada, de que acá la justicia funciona poco o no funciona. Esto crea una situación de desesperación, aparte de faltar a los derechos humanos, se falta a lo fundamental, que es el respeto a la persona.

Naturalmente no podemos olvidar que vivimos en una crisis de ambiente, en un departamento que se puebla cada día más y que bueno que se desarrolla, pero siempre hay una cuota de responsabilidad ecológica de todos nosotros, tanto de los que organizan este desarrollo como de aquellos que lo vemos qué sucede, no podemos verlo pasivamente.

Y no olvidemos hermanos, pues, la indiferencia. La indiferencia ante situaciones graves, aquí también ha crecido en cierta forma la desnutrición infantil. La falta de empleo, pues se hace evidente en estos tiempos, pero también está la indiferencia y dureza de corazón en la familia. Cuántas familias tienen esta violencia intrafamiliar, este abandono de los hijos, este atentado continuo contra la mujer.

La cuaresma es sin embargo un tiempo de esperanza, hay que ser realistas para proponernos un camino por el cual debamos caminar, pero al realismo hay que añadir la esperanza. El Señor quiere una vida mejor para nosotros en esta cuaresma.

Pidamos entonces al Señor, que a través del sacramento de la confesión, al cual los sacerdotes en este tiempo están dedicándole su mejor esfuerzo, a través de las devociones de cuaresma, no tengamos devociones superficiales, tanta belleza en la cuaresma, tanta devoción, procesión, velaciones, Via Crucis, todo esto tiene que ir llegando al cuestionamiento: ¿estamos en los caminos de Dios o no?

Que el Señor nos conceda progresar en este tiempo, reconciliemonos con Él. Lo necesitamos y Dios lo quiere y de parte nuestra está aquella que es nuestra madre, la Virgen Inmaculada, patrona de esta tierra desde hace tantos siglos, a la que nosotros en el rosario le decimos: refugio de los pecadores. Que ella nos guíe hasta Jesucristo el Señor, a ella le decimos:

Bajo tu amparo nos acogemos,
Santa Madre de Dios,
no desprecies nuestras súplicas
en la necesidad.

Antes bien líbranos de todos los males
oh Virgen gloriosa y bendita
Así sea.

El Señor nos lleve por la cuaresma a la pascua de la vida nueva, amén.

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Mensaje de Monseñor Víctor Hugo PalmaObispo de Escuintla, con motivo del Tiempo de Cuaresma, para la Diócesis de Escuintla