Monseñor Palma - Mensaje Pastoral

El Dios manifestado en la carne

Monseñor Víctor Hugo Palma

El recientemente nombrado cardenal P. Rainiero Cantalamessa describe muy bien el sentido complejo de la Encarnación del Hijo de Dios, quien mañana se “manifiesta” a los Reyes Magos representantes del mundo entero: “Durante la vida de Cristo, era muy difícil aceptar que ese hombre fuera Dios. Cincuenta años después de su ascensión al cielo, era igualmente difícil creer que se Dios era también un hombre” (en Jesucristo, el Santo de Dios Ediciones San Pablo, 1998).

Ciertamente fue grande la fe de los pastores aquella noche de Navidad cuando les fue dicho que el Salvador nacido era un “niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre” (cf. Lucas 2,12) y más todavía la fe de los magos de oriente cuando después de tan largo camino “siguiendo la estrella” ésta se detuvo en un campo —una gruta según la tradición— lugar de suma pobreza y humildad. Y quizás todo ello pase desapercibido, especialmente en tiempo de Pandemia, cuando mañana se recuerde en Epifanía o “manifestación” ese “gran misterio” (cf. 1 Timoteo 3,16) que llama a la reflexión de los cristianos pero también a las buenas conciencias que buscan la verdad de lo humano:

  1. La “carne” en su materialidad, hoy tan golpeada por la Pandemia, es por excelencia la dimensión frágil, limitada, susceptible de enfermedades, sujeta de envejecimiento, etc. de la persona humana, pero es esencial a ella: la carrera en tiempo de covid-19 no por una vacuna espiritual sino de al menos dos dosis necesarias para salvar la vida, es un referente para reflexionar sobre lo que hoy día ha llegado a ser el cuerpo humano: muy sujeto de cuidados médicos —ojalá— y de avances en la prolongación de la vida, pero por otra parte —si bien se prohíbe en las leyes la tortura, la mutilación legales— ese cuerpo sigue siendo “pobremente valorado” en la proposición del aborto, de los juegos de la propuesta transgénero, etc. como si fuera una “prótesis” que se maneja al antojo —en el caso de la sexualidad—. La “carne” sometida a los abusos de la droga, denigrada por la pornografía, los abusos infantiles, la explotación laboral, etc., es parte de la naturaleza que “clama” por los golpes que recibe, junto a toda la creación, en tiempos de destrucción ecológica (cf. Papa Francisco: “El hombre pertenece a la tierra incluso si su destino está escrito en el cielo… nosotros mismos somos tierra (cf. Génesis 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura”, cf. Encíclica Laudato si’ 2);
  1. La “carne” —que es un término muy semítico o propio de la cultura judía, y que equivale al “cuerpo” como en San Pablo— es el escenario más actual de la tremenda batalla por dignidad de la persona, que no es solo “carne” que se protege para que viva mucho y bien, sino que unida al espíritu humano es sujeta de otras pandemias: el egoísmo, la corrupción, la exclusión de los más necesitados, la implacable desnutrición infantil.

Al contemplar la pequeñez del Niño Jesús junto a los Reyes Magos y demás visitantes, el cristiano y todo aquel de buena conciencia, está invitado al “cuidado de la persona toda como camino para la paz” (Papa Francisco Mensaje por la Jornada de Oración por la Paz 1 de Enero 2021). Una contemplación que lleva al compromiso de escuchar los lamentos de carne/espíritu que surgen en estos tiempos de temor, muerte, contagio, miseria, y asumir el cuidado de cada persona como la de un hermano, como de sí mismo (cf. Mateo 22, 39) como verdadera adoración al Dios manifestado en la carne del recién nacido de Belén.