Discernimiento: Pedro, Ramazzini, Centroamérica

Afirmaba A. Schopenhauer (1788-1860): “La verdad se oculta más con prejuicios difundidos que con apariencias inmediatas”. Es decir, llegar a esa verdad requiere de la virtud tan apreciada y siempre útil de “discernir” —literalmente “separar” los elementos del conjunto para apreciarlos mejor—: su carencia en las cuestiones comunitarias y personales ya la lamentaba Isaías el profeta: “Por falta de discernimiento va cautivo mi pueblo: sus nobles mueren de hambre y las gentes de sed” (Is 5, 13).

La falta de discernimiento era nada menos que confundir la presencia de Dios con los poderes del mundo que llevó a Israel a su conocida ruina nacional. En la Buena Nueva de mañana, Jesús llama “ponerse a pensar antes de comenzar a construir o ir a la guerra”: una acción urgente para conducirse según los planes de Dios, debiendo llegarse a la renuncia a todo y todos para “ser de Jesús” como discípulo y misionero.

Puesta en el mundo para comunicar la Verdad sobre Dios, el hombre, el mundo mismo y la historia, la Iglesia de Cristo debe ejercitar esta virtud a la luz del Espíritu Santo para servir mejor desde su propia identidad a las causas del Reino de Dios. Allá en el Concilio de Jerusalén, según Hechos 15, Pedro mismo, el primer papa y así sus sucesores, tuvo que “discernir” lo que realmente era propio del conocimiento del Señor de otros “agregados”, que en el fondo alejaban de la centralidad de Cristo en la vida humana.

La reciente alegre noticia de la elección de Mons. Álvaro Ramazzini como “cardenal”, junto a los otros cuatro centroamericanos, converge con la misión eclesial de “llevar la auténtica verdad” de Dios al mundo y poner ante su Providencia las verdades humanas más duras en el ambiente centroamericano: la pobreza, la migración, el debate social por vencer el crimen organizado, la corrupción, la insolidaridad. Así, él hace parte de quienes “constituyen un colegio particular, no solo para la elección del pontífice, sino para tratar a nivel colegial o en trato personal con él cuestiones de importancia, ayudando al papa en su conducción universal de la Iglesia” (cfr. Derecho Canónico, c. 349).

En otras palabras y según la enseñanza del papa Francisco: un apoyo para todos en el “combate espiritual” que cada día afrontan —sabiéndolo o no— los centroamericanos, especialmente el triángulo Guatemala, El Salvador, Honduras, ante todo lo que tienta al hombre, las seducciones que proceden del mundo, la carne y el demonio… sin rechazar las realidades materiales o corporales, que son también buenas en sí mismas. Se trata más bien de luchar contra una mentalidad mundana “que nos atonta y nos vuelve mediocres” y contra la propia fragilidad y las malas inclinaciones (Exhortación Gaudete et exsultate, 19 marzo 2018, 159).

La innegable multiplicación de puntos de vista ideológicos y su inmediata difusión como fake news al alcance de cualquier red social urgen “ayudar a discernir” a Pedro y sus sucesores “todo lo bueno, noble y justo” a lo que la Iglesia debe servir como cercana a los más pobres, a los constructores de la sociedad pluralista de empresa, política, familia: a la Guatemala que somos todos (cf. Entrevista a M. Ramazzini por Guatevisión, 3 septiembre 2019, y otros medios). Que con el nuevo cardenal, el mes de la Patria y mes de la Biblia sea ocasión para “discernir” en la búsqueda de la verdad, y en el amor y permanencia en ella (cf. San Agustín de Hipona).